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Recortes y Descartes - Abril y agua


Empezó en abril. Un abril de lluvia intensa y tardes perfumadas de humedad. Los primeros meses de relación fueron… magia. Zsolt tenía claro que había cosas que sólo pasaban en ciertas películas, en ciertos libros y en ciertas cabezas llenas de gases ligeros. Lo tuvo claro hasta ese abril y ese verano que se convirtió en una burbuja húmeda y brillante. Todo era líquido y todo era calor, todo era piel y todo eran susurros. Se conocieron hasta adivinarse en el sonido de su respiración. Rieron juntos las carcajadas más amargas y lloraron juntos las lágrimas más dulces. Compartieron sus rincones más secretos y descubrieron nuevos sitios que guardar para los dos.

Cuesta creer que fueran sólo unos meses, poco más de un centenar de días, lo que les hizo eternos.

Después cambiaron los sabores y la melodía de sus voces.

Recortes y Descartes - Memorias por venir

Inició el camino hacia su casa con la cabeza a unos pocos años luz de sus hombros. Sus pasos eran los de un autómata, certeros y prefijados; mientras su mente recorría, confusa y calmada, otros senderos mal dibujados en su memoria. Para Zsolt, la memoria no era sólo el archivador donde uno va dejando las cosas que han pasado, sino también, en una suerte de anticipación de eventos, un inventario de hipótesis donde descansaban sus vidas por venir. Aquéllas que llegaban a realizarse se archivaban junto a los recuerdos, por mera convención.

Así, mientras sus pies tomaban el camino hasta su casa, Zsolt trazaba el esbozo de una línea curva que arrancaba en la tarde de abril en que la conoció y se ramificaba a partir de ese preciso instante, saltando a mil casas iguales, pero distintas y mil gritos distintos, pero iguales. El patrón de discusiones y frustración era inconfundible durante todo el recorrido. Inconfundible y demoledor.

Detuvo sus pasos.