Ayer fui a Sol. Llegué a las 23:30 aproximadamente, y estuve algo más de una hora. Iba en traje, por cierto, y nadie me pegó, ni era el único.
En esencia, me gustó lo que vi: gente cansada y convencida de que se puede hacer algo, de que merecemos algo mejor. Me gustó el espíritu general que envuelve el movimiento: no somos de unos, ni de otros, ni vamos contra unos, ni contra otros... somos gente que quiere un cambio. Y, joder, cómo no empatizar con ese espíritu cuando necesitamos un cambio como el comer.
[Mi entrada a Sol]
Ayer en el blog de
Alex, en el que me enorgullezco de colaborar,
decía que ahora es el momento de hablar de acciones concretas, pero hoy creo que me equivocaba. Cuanto más se intente concretar las acciones, más riesgo se tiene de acabar posicionados en intereses políticos de unos u otros. No, lo que hay que hacer es seguir tachando las cosas que no nos gustan, las que hay que cambiar, y los políticos serán los que ofrezcan soluciones o, si esto funciona, se quedarán fuera del cuadro.
El ambiente en Sol
Permitidme que, sólo por unas líneas, deje el meollo del asunto a un lado, lo que quiero comentar hoy, principalmente, son algunas de las cosas que llaman la atención cuando estás allí.
Para empezar, sobrecoge. Más de lo que uno puede pensar. En serio, recordad cómo era este país hace tres meses. ¿Habríais esperado ver a un montón de gente sentada en Sol bajo la lluvia de medianoche, sin intención de ir a ningún lado hasta que algo cambie? Yo no, desde luego. Os dejo algunas fotos para que os hagáis una idea de cuántos éramos, y cuántos seguirán siendo en estos momentos:
[Fijaos en los andamios]
[Debajo de las lonas es donde se parte el bacalao]
La organización
Quizás sea la organización lo que más falla en esta iniciativa...
Asumiendo que el movimiento es más o menos espontáneo, la verdad es que está sorprendentemente bien montado, pero aún así, te deja la sensación de estar desaprovechando a mucha gente con interés de arrimar un hombro para que las cosas funcionen. Yo me fui un tanto desencantado al ver que había cosas por hacer y no era fácil acercarse a quien te podía indicar cómo ayudar de un modo ordenado.
La acampada se organiza en delegaciones, cada una a cargo de algún punto básico para que la gente pueda estar sin abandonar la plaza el mayor tiempo posible. Y aunque las piezas encajan y el engranaje rueda, la organización no consigue absorber todo el potencial de ayuda que se concentra allí.
[El 2.0 de Sol visto desde la perspectiva 1.0]
La decoración
Un rápido punto aparte para la "decoración" de la Plaza. Especialmente la nueva boca de metro. Se pueden encontrar carteles reivindicativos por todas partes y lo mejor es que la mayoría están alineados con la neutralidad del movimiento.
Mención especial merece la gran viñeta de El Roto que está pegada en algún lugar del centro de la plaza: "los jóvenes salieron a las calles y, súbitamente, todos los partidos envejecieron".
[Grandísima viñeta de "El Roto"]
[La nueva boca de metro de Sol]
Lo malo
Al margen de las cosas que pueden mejorar, y seguramente mejoren estos días, en términos de organización, hay algo que no me gusta de todo esto: que se confunda el mensaje. Creo que es fundamental mantener un tono político y social neutral, ni derecha, ni izquierda, ni centro, ni arriba, ni abajo. Ni que nos vean como una panda de perroflautas, igual de malo sería que nos vieran como una panda de pijos. No se trata de etiquetas, ni de bandos.
Esto no va [no debería ir] de eso.
Va de gente que dice "se acabó".
Va de gente que dice "no con mi voto".
Va de gente harta de pagar el pato de una crisis que otros les han regalado, mientras los gobiernos garantizan la supervivencia de los que nos han metido en el fango, por delante de la nuestra.
Va de gente que quiere saber que ir a votar es relevante, que su voz se oye, que las opciones no son la misma repetida dos, tres o quince veces.
Y poco más. No deberíamos entrar en más cosas, no deberían escucharse gritos contra uno de los dos lados, porque debemos remar todos hacia el mismo sitio, sin importar que tradicionalmente simpaticemos por unos u otros. No debería ser un rechazo nominal contra nadie, sino global contra una clase política que ha dejado de escucharnos.
[Un grupo de jóvenes cantaba contra Aguirre para Telemadrid. Estoy alineado con el cántico, pero esto no va de eso]
Último apunte antes de cerrar. La policía se portó. Gracias a una decisión [posiblemente anticonstitucional] de la Junta Electoral, la concentración era ilegal. Un montón de furgones policiales nos miraban desde el kilómetro cero. Y no pasó nada. Pese a que algún despistado pensara que esto iba contra ellos y profiriera algún insulto.
He leído alguna historia de abusos policiales la noche que se desalojó la plaza. No fue lo que yo vi anoche, nada que objetar a una gente que no hacía más que su trabajo.
[Furgones policiales en el kilómetro cero]
Esto es todo, sólo queda añadir que, aunque no estoy de acuerdo con cómo están enfocando algunos este movimiento y aunque me queme ver a los políticos buscar cómo usarlo en su favor, pesa mucho más el orgullo de ver que por fin nos importa cómo va nuestro país lo suficiente como para levantarnos del sofá.